
Tal como mencionamos en el primer post de este blog, encontramos en el deporte y en la actividad física uno de los medios inmejorables para constituirnos en mejores personas. Es un hecho que cuanto más pequeños empecemos a incorporar la actividad física en nuestras vidas, seguramente se verán aumentadas nuestras chances de lograr esa vida plena de la que hablábamos.
Sería imposible sintetizar conceptos acerca de la importancia de la práctica de deporte desde la niñez, pero hay un eje que es imposible omitir y es -sin lugar a duda- que éste promoverá una sólida autoestima en los niños, o afianzará ya la existente, en el mejor de los casos. Con esta sola herramienta, cada niño podrá -entre otras cosas- alejar algunos miedos, o enfrentarlos con mayor fortaleza.
Para lograr el éxito en esta encomienda, lo primordial es que el niño o niña se divierta plenamente practicado el deporte que haya elegido o alguien haya sugerido para él/ella. Por nuestra parte, desde una perspectiva paterna, con frecuencia cometemos el involuntario error de transmitir a nuestros hijos/as algunas de nuestras frustraciones y no siempre medimos consecuencias al expresar pareceres… A veces nos dejamos llevar por el intenso deseo de que lleguen a sobresalir por sobre los demás, dejando de lado el verdadero espíritu de la práctica del deporte elegido.
El relacionamiento con sus pares y el entorno, la confianza en si mismo, el trabajo en equipo y el autoconocimiento de su cuerpo serán los valores agregados que cada niño/a irá descubriendo a medida que le vaya tomando el gusto a practicar y sostener en el tiempo el buen hábito de una actividad física.













